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martes, 10 de mayo de 2011

Corbalán y la cerveza


Bebed cerveza, pero con moderación. No lo digo yo, os lo dice el doctor Corbalán, mítico ex jugador de baloncesto del Real Madrid y experto en fisiología del deporte. Corbalán estuvo en Pontevedra en el Congreso Nacional de Ciencias del Deporte y lo entrevistamos en La Voz del Deporte, en Radio Voz (93.1 FM y www.radiovoz.com).

En la imagen, Corbalán marcando jugada (o pidiendo una caña para él y otra para Jofresa, que lo defiende).

martes, 5 de mayo de 2009

Eres lo que comes


Resulta que hay estudios que revelan que todos esos potingues ‘enriquecidos’ con bífidus, elecaséis y demás, en lugar de ayudar al sistema inmunológico pueden llegar a dejarlo medio alelado. Tampoco seamos alarmistas, esto no quiere decir que por habernos tomado cuatro actimeles vayan a venir en tropel los virus de la gripe H1N1 (o como demonios se llame a estas alturas del tinglado) a montarse un botellón en nuestro organismo cual universitarios en un parque público.
Lo que sí se ha demostrado es que hay una cierta correlación entre el consumo de este tipo de productos a edades tempranas y una respuesta del cuerpo en forma de alergias. En realidad, de lo que vienen a alertar este tipo de estudios es de algo tan simple como que una persona sana con unos hábitos de vida saludables y una dieta equilibrada no necesita, salvo casos excepcionales, ningún tipo de suplemento.
Esto lo sabrán también, quiero creer (como Fox Mulder), en los laboratorios de todas las multinacionales de la alimentación, pero en un determinado eslabón de la cadena… zas! Con el marketing hemos topado. Entonces llegan los directivos de turno esgrimiendo los resultados de los últimos estudios sobre hábitos de consumo y deciden que lo que el pueblo llano ansía es que se le garantice un entorno aún más aséptico y seguro.
Porque una cosa es que a uno se lo lleve por delante un Golf GTI o un cáncer (que como todos sabemos no tiene nada que ver con el aire que respiramos ni con los millones de ondas electromagnéticas a las que nos sometemos diariamente) y otra muy distinta que mi-Kevin-que-ya-va-en-tercero-y-dice-la-profesora-que-es-el-más-listo-de-la clase comparta el bocata con su-amiga-Jénnifer-que-aunque-es-una-niña-le-hace-ojitos-porque-es-clavada-a-su-madre-que-es-una-golfa. Y no digamos –líbreme el cielo- si encima a Kevin le da por irse a jugar al fútbol con sus amiguitos mientras se come el bocata de chóped.
Lo que todos esos padres idiotizados por vanas promesas de infalible protección parecen ignorar es que ellos mismos merendaron por fascículos, entre patadas al balón y vertiginosos descensos en tobogán y, sin embargo, siempre y cuando su nivel de vida fuese razonablemente bueno, gozaban en términos generales de una mejor salud que sus hijos, a quienes, a golpes de inocentona sobreprotección, acaban por noquear.
Por eso Kevin, que ha crecido sin rodilleras cosidas a los pantalones, llegará al mundo adulto con alergia al polen, a la pimienta, al marisco y a los polos de fresa. Y lo que es peor, en la burbuja en la que lo han criado sus esforzados progenitores seguramente tampoco ha habido mención alguna a la gonorrea, los antidisturbios o, sin ir más lejos, lo que vale un peine (tanto en sentido estricto como figurado).
Así que, Kevin, alegría de mi corazón, si me estás leyendo diles a tus viejos que se metan ellos los bífidus (por dónde ya es cosa suya) y que a ti te den comida como dios manda. Ah, y eso de que te vas a quedar ciego si te masturbas es una chorrada: conócete a ti mismo y verás como Jénnifer te lo agradece algún día.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Calcio y vegetales


En estas fechas tan señaladas, lo que me pone es hablar de excesos alimentarios. Soy así de cabroncete. Muchos habréis visto ya el revelador documental 'Super size me', un interesante experimento ideado, dirigido y protagonizado por Morgan Spurlock en 2004, en el que se ponen al desnudo las vergüenzas de una sociedad sobrealimentada y malnutrida (que no desnutrida). Las reglas son sencillas: un mes alimentándose exclusivamente en McDonald’s sin renunciar ningún día a las tres comidas básicas, sin dejar de tomar al menos una vez en esos 30 días cada producto de la carta y sin rechazar la ración grande (menú ‘Super Size’) cuando el dependiente la ofrezca directamente.

Spurlock no esconde nada. Todos sabemos desde el primer minuto de metraje que los perjuicios de la comida rápida son un hecho más que contrastado. Entonces, ¿por qué has empleado el término revelador, Andrés? Dejaré que os conteste el propio narrador: “En 2002 unos cuantos americanos se hartaron de cargar con su exceso de peso e hicieron lo que mejor sabemos hacer: denunciar a los responsables (…) Algo inimaginable de pronto se había convertido en realidad: la gente demandaba a la gran M por venderle comida que la mayoría de nosotros sabe que no es buena para la salud”.

Lo que se cuestiona no es si los consumidores -concepto supremo que ha sustituido al de ciudadanos incluso en el paraíso del patriotismo- saben que las grandes cadenas les ofrecen productos con un valor nutricional desequilibrado, sino si son realmente conscientes de hasta qué punto este tipo de alimentos afecta no sólo a su figura sino a su salud general a todos (absolutamente todos) los niveles. En sólo 30 días, Spurlock pasa de 84 a 95 kgs., su colesterol aumenta 65 puntos, su nivel de grasa corporal pasa del 11 al 18%, su hígado se inflama y endurece (síndrome de hígado graso), su estado de ánimo se vuelve depresivo y su libido decae al mínimo (no abráis tanto los ojos, que esto último es casi lo de menos).

Aquí tú eres el King
Los más pequeños están expuestos al bombardeo publicitario sin haber sido provistos todavía de los mecanismos necesarios para filtrar los mensajes. Atención a la reflexión que recoge el documental: “Un niño americano medio ve por televisión 10.000 anuncios de alimentos al año, el 95% de los cuales es de cereales azucarados, refrescos, comidas rápidas y caramelos. Un padre que hace todas las comidas, todos los días, durante todo el año con su hijo transmite un mensaje nutricional muy potente, pero necesitaría a los personajes de dibujos animados y que Michael Jordan, en lugar de vender McDonald’s, vendiera naranjas, y Brittney Spears, en lugar de vender Pepsi, vendiera rábanos, lechuga o algo así, porque ese padre tendrá 1.000 ocasiones de transmitir mensajes a su hijo frente a las 10.000 de la industria alimentaria”.

Los datos de inversión publicitaria en medios directos de diferentes empresas y campañas a lo largo del año 2001 hablan por sí solos: McDonald´s, 1.400 millones de dólares; Pepsi, 1.000 millones; Hershey Foods (caramelos), 200 millones; campaña ‘Cinco frutas y verduras al día’, 2 millones de dólares.

Spurlock recoge testimonios tan elocuentes como el de una niña plantada ante un plato de patatas fritas y un vaso de leche, menú que describe como “calcio y vegetales”. Con un par. El último anuncio de McDonald´s, en el que el equipo perdedor de un partido de fútbol infantil se regocija en sus hamburguesas ante la desolación de los ganadores (a los que seguramente les espera alguna asquerosa fruta) se repite hasta la saciedad en todas las cadenas. Burguer King (“aquí tú eres el King”) manipula tanto el ansia de rebelión ante la autoridad paterna como el sentimiento de culpa de los padres, conscientes de que no dedican a sus hijos el tiempo necesario. Mientras tanto, las feministas siguen bloqueando campañas basadas en el uso del cuerpo como reclamo sexual. Supongo que es la prueba de que todos sabemos qué mensajes son realmente nocivos y perversos. ¿Verdad?