
-¿Se va de vacaciones el señor?
-No podría, estimado amigo. El descanso no es una opción cuando es la dignidad lo que está en juego.
-¿Acaso no se ha ganado ya su pedazo de cielo?
-¿No has oído aquello de que la revolución es como una bicicleta?
-Que no tiene marcha atrás...
-...Y tampoco tiene punto muerto, camarada.
-No sé si comprendo.
-Lo entenderás cuando tengas la dicha de contemplar la beatífica gratitud en los ojos de uno de esos encantadores negritos. Para ellos somos como dioses, tenemos que sujetarnos fuertemente para no caernos del Olimpo mitológico al que nos transportan.
-Querrá decir que tienen que sujetarse al suelo para no elevarse a su cielo...
-...¡Pero ven conmigo, amigo! ¡Qué mal gusto, qué imperdonable sobreentendido por mi parte! si aún no te he mostrado las fotos de mi último viaje. ¡Ay, si simplemente cada uno cumpliese con su parte! Sería tan fácil mitigar su miseria.
-Disculpe el atrevimiento, señor, sin duda fruto de mi ignorancia, pero ¿no sería más práctico evitarse las reservas on-line, las largas horas de vuelo y las vacunas y echar una mano a las monjas del comedor...?
-...Qué razón tienes, compañero, tu ignorancia es atrevida, aunque sin duda ocurrente. No se trata solo de mi gesto, sino de las sensibilidades que con él se movilizan. ¡Cuántos corazones sensibles permanecieron aletargados antes de recibir el aguijonazo de la conciencia!
-A las fotos en Facebook se refiere usted...
-No son fotos, amigo, son cargas de profundidad contra el hastío y la mansedumbre en que el capitalismo sume al obrero.
-Ya, supongo que la luz no es buena en el comedor.
-Imagínate, iluminación tenue, paredes blancas y blancos también los pobres. ¿Tú crees que eso puede conmover a alguien, alma cándida?
viernes, 15 de julio de 2011
Vivir para contarlo
lunes, 6 de junio de 2011
Al pan, pan
usura.
(Del lat. usūra).
1. f. Interés que se lleva por el dinero o el género en el contrato de mutuo o préstamo.
2. f. Este mismo contrato.
3. f. Interés excesivo en un préstamo.
4. f. Ganancia, fruto, utilidad o aumento que se saca de algo, especialmente cuando es excesivo.
lunes, 16 de mayo de 2011
La caverna

Bajo la cáscara de los televisores
sueña ecuaciones de segundo grado
un rebaño de serpientes que otrora, al menos,
presumieron de ser lagartos.
Al vigía le sangra la garganta
de arrancarse los silencios sin anestesia,
de golpear su voz contra un muro
en el que ya nadie se lamenta
porque el último adorador del sol
persigue sombras entre las piedras.
martes, 15 de febrero de 2011
Penitencia

Mil años de condena por los abusos del machismo,
otros mil por el colonialismo y la esclavitud.
La pena por pertenecer a la cultura cristiana
me la condonarán por aquella menudencia de la crucifixión en masa.
Nada comparado con el holocausto, que no se ofendan los judíos,
no sea que me caigan otros mil por bocazas
y porque la historia la escriben -y reescriben-
siempre los vencedores.
Pero si he de pagar por las mujeres a las que no maltraté,
por los negros que nunca trabajaron mis tierras,
por blanco, por occidental, por varón,
por hombre, en fin –si es que esto es un hombre-
confío en que los patrones y los burócratas
nos limpien el culo a los obreros
por los siglos de los siglos.
Amén.
Imagen: 'La libertad guiando al pueblo' - Eugène Delacroix
domingo, 20 de junio de 2010
Ciencia ficción. Una nueva esperanza para la crítica social

0. La crítica social en el cine
Prácticamente todas las definiciones convencionales de cine social incluyen como componentes indispensables la actitud crítica en cuanto al punto de vista, los hechos sociales y los conflictos éticos que surgen en torno a los mismos como ámbito temático y el tratamiento realista en el plano argumental. Este último punto, no obstante, requiere una profunda revisión, más urgente si cabe en el contexto actual, en el que las transformaciones sociales se suceden a una velocidad vertiginosa y los efectos del progreso se dejan sentir de forma inmediata. Por lo tanto, evitaremos hablar de cine social como un subgénero propiamente dicho y optaremos por el concepto más preciso de cine de crítica social.
1. Crítica social y géneros cinematográficos
Cuatro son los géneros cinematográficos empleados fundamentalmente (aunque no exclusivamente) en el llamado cine social: el drama, el documental, la comedia y la ciencia ficción. Los dos primeros tienden a abordar los conflictos que pretenden denunciar de forma directa y, a menudo, sobreexpuesta (si bien merecen ser destacados los esfuerzos de autores como Juan José Campanella o Fabián Bielinsky por una mirada ‘oblicua’, más allá de la obviedad).
La ciencia ficción y la comedia (particularmente la sátira), en cambio, recurren a la analogía y la hipérbole, situando el problema fuera de su contexto real, por lo que el mensaje llega libre de prejuicios (convicciones políticas, religiosas, etc.) a los receptores, lo cual incrementa su capacidad argumentativa según los objetivos básicos de la retórica clásica: persuadere (persuadir), delectare (deleitar) y mouere (en su doble acepción de conmover y provocar, incitar).
Las fronteras entre los géneros son, no obstante, difusas, y rara vez una obra puede ser clasificada en un único género. En este estudio interesa particularmente la ciencia ficción o, de un modo más literal, la ficción científica (science fiction), cuyos límites respecto al género fantástico son a menudo inexistentes (la filmografía del director canadiense David Cronenberg es un buen ejemplo de ello). Al romper las cadenas del realismo, la ficción científica puede abordar con plena libertad cualquier problemática actual o hipotética.
A continuación, algunos ejemplos paradigmáticos de cuestiones sociales complejas llevadas al cine a través de la ciencia ficción.
2. El trabajo os hará libres
Entendemos por alienación el proceso por el cual un individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta que ésta se vuelve contradictoria con lo que es inherente a su condición. Es un concepto cercano al de deshumanización y, desde las teorías de Karl Marx, se entiende en términos de explotación del hombre por el hombre: hace referencia a cómo el trabajo en las sociedades industrializadas despoja al trabajador de su libertad, su autonomía y, en última instancia, de lo que lo hace humano.
En la entrada del campo de concentración de Auschwitz puede leerse la inscripción “el trabajo os hará libres”, que persiste como recuerdo de la última broma macabra de la Alemania nazi. Algunos años antes del auge del nacionalsocialismo, el director austríaco Fritz Lang esbozó en su obra Metrópolis (1926) una fábula de reminiscencias bíblicas con una mirada lúcida a la lucha de clases. Impactante por su arquitectura narrativa y la fuerza expresiva de sus imágenes, Metrópolis fusiona la crítica a la mecanización, la alienación de los trabajadores y la opresión de las clases poderosas.
Las escenas que recrean el trabajo de los obreros como un proceso mecánico, agotador y, sobre todo, absurdo, inspirarían, sin duda, a Charles Chaplin en su mordaz e hilarante Tiempos Modernos (1936), si bien en la segunda entra en escena un nuevo elemento, el desempleo. No podía ser de otro modo cuando aún se sentía la fuerza de la onda expansiva del crack del 29. Ambas obras comparten una visión determinista-fatalista (de fatum, destino) del orden social (el individuo se resigna a su suerte) y una crítica ácida a las élites políticas e intelectuales, para las que la única lógica aceptable es la del beneficio económico.
3. Esclavitud y colonialismo
Los avances tecnológicos de los dos últimos siglos han disparado las fantasías acerca del viejo anhelo humano de crear seres ‘vivos’ con conciencia propia a su imagen y semejanza. Cuando esto sucede, las motivaciones pueden ser sentimentales e ingenuas como en el cuento de Carlo Collodi Las aventuras de Pinocchio, adaptado en la ciencia ficción en películas como Inteligencia Artificial (Steven Spielberg, 2001), pero también puramente económicas y utilitaristas, con todo lo que ello conlleva.
En Blade Runner (Ridley Scott, 1982), los hombres establecen mecanismos de control para evitar la emancipación de los replicantes, seres cibernéticos de apariencia idéntica a la humana. El hombre da vida a una nueva ‘raza’ de criaturas y les otorga a éstas no sólo poder (son más fuertes y ágiles y, al menos, igual de inteligentes que los ingenieros que los crearon) sino conciencia. Sin embargo, en lugar de reconocer a los replicantes como semejantes, los utiliza para los trabajos más pesados y peligrosos, lo cual acaba desembocando en una sangrienta rebelión. El replicante Roy Batty (Rutger Hauer) explica a la perfección lo que significa la esclavitud en esta inolvidable escena:
Esta situación nos remite inevitablemente a la tendencia a la dominación, desde el Egipto faraónico a los talleres de las grandes multinacionales en los países del segundo y tercer mundo, pasando por el circo romano y el expansionismo colonial europeo. Pero las fantasías sobre la rebelión de las máquinas ofrecen además una segunda lectura…
Pensemos en el argumento de la serie de culto Battlestar Galactica: Los cylons, una raza cibernética que ha desarrollado un enorme potencial militar gracias a los humanos (sus creadores), lanzan un ataque por sorpresa contra el corazón del sistema, las 12 colonias de Kobol. Basta con cambiar los nombres de los protagonistas para apreciar la crítica abierta: donde hemos dicho humanos, diremos gobierno estadounidense; donde cylons, Bin Laden; donde 12 colonias, Torres Gemelas. La idea es clara: todos, individual y colectivamente, hemos de responder antes o después de nuestros actos, luego debemos valorar moralmente el sentido que guía tales actos.
4. La servidumbre voluntaria
Con una enorme carga filosófico-existencial, The Matrix (Larry y Andy Wachowski, 1999), plantea una profunda reflexión acerca de algunos de los efectos del progreso o el orden social y cómo ambos son asumidos de forma acrítica por sus miembros. Uno de los aspectos más interesantes de la cinta tiene sus raíces en el Discurso de la servidumbre voluntaria planteado por Étienne de La Boétie en el siglo XVI.
La Boétie creía que lo único que sostiene el dominio de unos pocos sobre muchos es la esclavitud autoimpuesta, que nace del fomento por parte del poder establecido de un sistema educativo que estimule la idea de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y, al mismo tiempo, disipe la atención respecto a la cuestión fundamental de la libertad a través de costumbres y hábitos que conforman un nuevo sistema de valores (en nuestros tiempos: consumismo, tiranía de la imagen, etc.). Recordemos, una vez más, el contexto del autor, precedente inmediato de la Revolución Francesa.
Morpheo intenta hacer comprender a Neo que las mentes de quienes tratan de liberar no están preparadas para asumir que, verdaderamente, no viven en el mejor de los mundos posibles. La comodidad prima sobre la libertad y ello los convierte en los principales defensores del sistema.
Cypher (Cifra), el personaje interpretado por Joe Pantoliano, encarna al Judas posmoderno pero, al igual que éste, sus motivaciones son profundamente humanas. Afirma sin reparos: “la ignorancia es la felicidad” y va más allá: “no quiero acordarme de nada”. Los hermanos Wachowski se valen de Cypher para retratar el impulso humano de extender un velo sobre la realidad para silenciar la conciencia: si no lo veo, si no lo sé, no existe.
5. La pantalla de televisión es la retina del ojo de la mente
Videodrome (David Cronenberg, 1983) es, probablemente, una de las más profundas reflexiones cinematográficas acerca de los peligros de la búsqueda constante del ser humano de estímulos sensoriales cada vez más intensos. Adquiere, pues, un papel central el fenómeno de la tolerancia (necesidad de incrementar la dosis de un fármaco o droga para lograr los mismos efectos que inicialmente se conseguían con cantidades menores).
Max Renn (James Woods) es el director de programación de una pequeña cadena de televisión que, para sobrevivir en un mercado que tiende a la saturación, ofrece a su audiencia "lo que no pueden conseguir en ninguna otra parte", es decir, estímulos cada vez más fuertes, esencialmente de carácter violento, sexual o ambos.
La vida de Renn da un vuelco cuando descubre Videodrome, una misteriosa emisión con capacidad psicoativa: altera la percepción sensorial y la conciencia. Desde el momento en que se expone a los efectos de Videodrome, comienza para el protagonista una carrera contra reloj frente a un proceso irreversible de corrupción, lo que en el lenguaje de Cronenberg queda libre de prejuicios morales para convertirse, prácticamente, en sinónimo de evolución.
Para el director canadiense, además, esta corrupción actúa a un doble nivel: "primero controla tu mente, luego destruye tu cuerpo". El progreso científico y sus enormes posibilidades para transformar rápidamente no sólo el entorno sino al ser humano mismo es el eje vertebrador de la filmografía de David Cronenberg, de la cual Videodrome es, a un tiempo, síntesis y punto de partida hacia un nuevo enfoque de la realidad.
6. Seguridad vs libertad
“Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad”. Benjamin Franklin. Resulta cuando menos curioso que, siendo Benjamin Franklin uno de los llamados ‘padres fundadores’ de Estados Unidos y dado el apego de la sociedad estadounidense a sus símbolos nacionales, la idea fundamental expuesta por el político de Boston haya pasado al más absoluto abandono.
Una de las películas que más enfatizan el peligro del recorte de libertades y derechos fundamentales de los individuos es Minority Report (Steven Spielberg, 2002). La acción se desarrolla en una sociedad futurista que dispone de una tecnología psíquica, el llamado programa ‘Precrimen’, que permite prever el futuro y arrestar a los asesinos antes de que lleguen a cometer sus crímenes. Partiendo de esta premisa ficticia, se recrean situaciones sociales que se dan de hecho en la sociedad actual. Entre los escáneres de los aeropuertos estadounidenses y los ‘espiarañas’ de Minority Report sólo hay una diferencia tecnológica, pero no ético-social.
En esta sociedad futurista, los asesinos son arrestados y confinados en cámaras de aislamiento, suspendiendo sus funciones vitales pero sin desactivar su conciencia. Al margen del método, este sistema penal se basa en la idea de que, moralmente, un el criminal debe ser castigado aunque el crimen haya sido evitado. Por supuesto, la burocracia judicial no tiene cabida aquí, ya que las sentencias son de aplicación inmediata.
La demostración de que el sistema no es, como se pensaba, infalible, acaba desembocando en el abandono del programa ‘Precrimen’, a pesar de que, aun con sus imperfecciones, se había probado su eficacia en la lucha contra el crimen. En Minority Report, al menos parcialmente, la libertad triunfa frente a la seguridad.
7. La sátira futurista
Aunque existen, sin duda, muchas otras películas que combinan la ciencia ficción y la sátira, nos centraremos aquí en tres que, por diferentes motivos, resultan paradigmáticas: El dormilón (Woody Allen, 1973), Brazil (Terry Gilliam, 1985) y Starship Troopers (Paul Verhoeven, 1997).
7.1 El dormilón
En El dormilón Woody Allen pone en tela de juicio las supuestas certezas del conocimiento científico y cómo éstas influyen en los hábitos sociales. No es casual que el protagonista de la cinta, Miles Monroe, que despierta en el año 2174 tras 200 años de hibernación, fuese en el siglo XX propietario de una tienda de comida sana. Allen se sirve de este aspecto para fantasear con descubrimientos futuros que demuestran que los alimentos verdaderamente saludables son los denostados en el siglo XX (grasas saturadas, azúcares refinados...).
Podrá objetarse que existen pruebas empíricas de lo contrario, pero no es menos cierto que la historia de la ciencia no es sólo acumulativa, sino también dialéctica, y lo que antes fueron hechos irrefutables hoy son considerados falacias. Por seguir con el mismo ejemplo, basta con analizar los resultados de las investigaciones acerca de la necesidad de leche en personas adultas. Lo que antaño era una fuente imprescindible de calcio hoy es un un agente debilitador del sistema inmunitario.
Si, como hemos visto, los resultados obtenidos por el método científico son cuestionables, otro tanto sucede con disciplinas humanísticas como la historia. Cuando Monroe resume con dos pinceladas la relevancia de algunos personajes históricos pone de manifiesto lo ‘falseable’ de los datos históricos, pero también lo inconexo e impreciso del conocimiento humano en la sociedad actual.
7.2 Brazil
Brazil es una delirante tragicomedia dirigida por Terry Gilliam, miembro del célebre (y celebrado) grupo humorístico británico Monty Python. Gilliam propone una vuelta de tuerca adicional a la visión (planteada de forma magistral por George Orwell en su novela 1984 de una sociedad burocratizada hasta el extremo y en la que nada escapa al control del sistema (el Gran Hermano orwelliano).
Si bien Brazil comparte con 1984 el rechazo a las formas de control social de los regímenes comunistas del siglo XX, se diferencia de ésta no sólo en su humor ácido y por momentos absurdo (frente al dramatismo de Orwell) sino en que su crítica va un paso más allá poniendo también sobre la mesa lo más excesivo e irracional del estado de bienestar promovido por el capitalismo tardío. Su visión de las denominadas 'tendencias' (cirugía estética, moda, arte contemporáneo...), que absorben buena parte de la atención de la nueva burguesía, no tiene desperdicio.
Tanto Orwell como Gilliam consiguen, aun partiendo de códigos diferentes, recrear una atmósfera deprimente y asfixiante, donde no sólo destaca la ausencia de libertades individuales, sino la resignación con la que ésta es asumida por la población. "Si hay alguna esperanza, está en los proles (proletarios)", escribió Orwell. Sin embargo, tanto en 1984 como en Brazil, llegamos a la misma conclusión: si la esperanza está en los proles, abandonemos toda esperanza.
7.3 Starship Troopers
La película de Paul Verhoeven Starship Troopers es una de las grandes olvidadas entre las obras emblemáticas de la ciencia ficción. El director holandés plantea una crítica frontal al sistema social estadounidense de los 90 y para ello utiliza los códigos cinematográficos del cine hollywoodiense más taquillero.
Denostada por gran parte de la crítica en su lectura más superficial, Starship Troopers contiene interesantes reflexiones (en forma de puro esperpento) acerca de la propaganda gubernamental, el belicismo, el sistema penal o la sociedad del entreteniento. Verhoeven recrea un escenario bélico (y, lo que es más importante, el clima social que lo acompaña) análogo al de la Guerra del Golfo, no sólo por su génesis y desarrollo, sino también todo lo sórdido de una guerra retransmitida en directo según los códigos cinematográficos.
Las imágenes de la Cadena Federal ocupan un lugar central en el metraje de la cinta y presentan de forma hiperbólica algunos de los aspectos más cuestionables del sistema social del país más poderoso del mundo. Valga como ejemplo la escena del tribunal: “Esta mañana fue apresado y juzgado un asesino. Sentencia: la muerte. La ejecución: hoy a las 6 p.m., en toda la red y en todos los canales. ¿Desea saber más?”.
En apenas 14 segundos, Verhoeven carga contra la espectacularización y el morbo, el ansia de justicia-venganza administrada lo más rápidamente posible y la cultura del hipertexto, que permite en la teoría el acceso a toda la información pero que, en la práctica, promueve una visión superficial de la realidad: la atomización y descontextualización de la información no sólo no conducen al conocimiento, sino que producen desinformación.
8. Una nueva esperanza
La película Star Wars (George Lucas, 1977) no incluyó el subtítulo Episodio IV: Una nueva esperanza hasta la aparición de su secuela, El Imperio contraataca. Con un marcado espíritu pro democrático en el ámbito temático y plagada de referencias a clásicos de la literatura fantástica y de ciencia ficción, desde el ciclo artúrico hasta Dune (también llevada al cine por David Lynch), Star Wars marcó un hito en la historia del cine, catalogada como película cultural, estética o históricamente relevante por la filmoteca National Film Registry. Asimismo, el guión de Lucas fue elegido entre los mejores de la historia por el gremio Writers Guild of America.
George Lucas, David Cronenberg, Steven Spielberg, Ridley Scott, Fritz Lang… Todos ellos han demostrado a través de su filmografía (aunque en algunos casos sea, al menos, irregular) que las posibilidades de la ciencia ficción son casi infinitas tanto para la experimentación de nuevas fórmulas expresivas como para la recreación de universos multirreferenciales. Por todo ello, en una sociedad saturada de estímulos y anhelante de constantes novedades, este género se presenta como una nueva esperanza para la crítica social en términos de divulgación, lo que significa hacer comprensibles mensajes complejos para públicos amplios y heterogéneos.
lunes, 1 de marzo de 2010
El cine que susurra

Como observador externo y no implicado, siempre he valorado especialmente esa forma tan particular de los directores argentinos de llevar a la pantalla lo que en España se suele llamar ‘cine social’. Tengo la sensación de que, para ellos, no existe esa etiqueta, precisamente porque tienen muy claras dos cuestiones: la redundancia y la efectividad.
Redundancia porque, en gran medida, el cine de ficción es, como la novela, un intento por llegar al alma de las cosas a través de los comportamientos de las personas, que a su vez son indesligables de su entorno. Luego cine humano (psicológico, si se quiere) y cine social vienen a ser (habitualmente, aunque no siempre) un mismo concepto.
Efectividad porque todos sabemos, intuitivamente, que la mejor forma de que un mensaje difundido masivamente llegue a calar en un colectivo es a través del entretenimiento. Por algo incluso en las facultades de Medicina se sigue aludiendo a aquella maravillosa serie de dibujos animados llamada ‘Érase una vez… el cuerpo humano’. En este caso, lo que hace diferente al cine argentino son las técnicas de distracción.
De León de Aranoa a Médem
En España también tenemos problemas sociales graves y hay quienes se atreven a abordarlos en el cine. ‘Los lunes al sol’, ‘Barrio’ o ‘Princesas’ (todas ellas dirigidas por Fernando León de Aranoa) afrontan, respectivamente, dramas humanos como el desempleo, la vida cerca del umbral de la pobreza y la prostitución con una mirada lúcida, aunque quizá demasiado directa, sobreexpuesta en términos fotográficos. Pedro Almodóvar, a su modo, también ha hecho ‘cine social’, pero si el objeto es para él diferente (le interesa no la norma sino la desviación), la forma de mirar es la misma: frontal y desde dentro.
Otros grandes directores españoles, como Julio Médem o Alejandro Amenábar, tienden a situar a sus personajes en entornos irreales, atemporales y apolíticos. Excepcionalmente, Médem sintió la necesidad de ahondar en la cuestión del independentismo vasco, pero optó por el género documental (no ficción): paradójicamente, aunque su cinta es un ejemplo de objetividad periodística, se ganó críticas desaforadas y antipatías irracionales. Fernando Trueba también recurrió al documental en ‘El milagro de Candeal’ y en ‘Blanco y Negro’, pero en la primera el marco era una favela de Salvador de Bahía (Brasil) y el segundo es un canto sentido pero superficial al arte del flamenco.
Campanella, Bielinsky, Aristarain
Cuando pienso en cine argentino, tres nombres me vienen a la cabeza por su proyección externa: Campanella, Bielinsky y Aristarain. Busco desesperadamente un nexo entre ellos. Se me ocurre que podríamos preguntar a un grupo heterogéneo de espectadores de qué tratan ‘El secreto de sus ojos’, ‘Nueve reinas’ y ‘Roma’, pongamos por caso. La investigación de un crimen, las peripecias de dos timadores de poca monta, la evolución personal de un escritor argentino…
La corrupción del sistema político, las deficiencias del sistema financiero y la emigración son, en realidad, los temas principales de todas ellas, pero la reflexión acerca de esos problemas no es tosca, directa, protagónica, sino que se aborda de forma tangencial, de tal modo que el mensaje, en lugar de llegar a oleadas, se cuela como el agua por los poros de una esponja. De ahí su eficacia en términos comunicativos. De los directores anteriores, Aristarain, por su estilo progresivamente más ‘filo europeo’, es quien más se aleja de la pauta y, aunque su talento es innegable, también es quien aporta menos matices a la narración.
No se trata sólo de una elección personal, el cine es el reflejo de los gustos de una sociedad. En ese sentido, es apreciable que los artistas argentinos mantengan la confianza en que se puede captar la atención del público mediante el susurro mientras la mitad del planeta se entrega ciegamente al éxtasis del ruido hollywoodiense. Tanto, tanto ruido…
lunes, 1 de junio de 2009
Líbrame, Señor, de miserables y pusilánimes

“Lo peor que se puede ser en esta vida es un coñazo”. La frase la escuché de boca de Jesús Iglesias, apreciado compañero y amigo, aunque tampoco es de su propia cosecha, sino uno de esos legados simbólicos que brotan en el consciente, pero con raíces cada vez más hondas en el inconsciente. La sentencia consuela en tanto que uno verifica que no está solo en la creencia de que la mayor lacra en las relaciones sociales es el victimismo, y expresa la repugnancia hacia el fatalismo de un modo tan prosaico que, por fuerza, no podría ser más exacto y contundente.
Exhibir una actitud de amargada resignación ante el infortunio es un ejercicio absolutamente invasivo respecto al entorno próximo que, paradójicamente, tiende a provocar cierta empatía (no del todo aséptica, eso sí) en lugar de un abierto rechazo. Es probable que su aceptación se deba a una simple cuestión cultural, y que en otras partes del mundo resulte, al menos, tan reprobable como lo prepotencia o la pedantería.
Supongo que es fácil confundir la humildad con la inseguridad, y entiendo perfectamente que quienes se muestran confiados y firmes resulten, de entrada, más amenazantes que los timoratos que esgrimen su lastimera y afectada sensibilidad para defender su –¡ay mísero de mí, y ay, infelice!- corazón-coraza, tan maltrecho y encallecido por los golpes de la vida. Triste y dura vida. Pero a poco que uno observe, anote y reflexione, pronto se da cuenta de que aquel que vive con la absoluta convicción de que es víctima de un destino adverso y un mundo injusto que no comprende la complejidad de su elevada alma inmortal acaba cargando de bilis su aguijón, siempre a punto para la certera estocada que calme el dolor propio con el ajeno (mal de muchos…).
Además de los amargados profesionales (tanto el modelo instintivo como el Stanislavski), proliferan también con éxito los opositores, no los que compiten por un empleo al abrigo del Estado, sino aquellos que se oponen sistemáticamente a la opinión más extendida en cualquier materia. A menudo es un pueril mecanismo de auto afirmación pero, incluso cuando es ése su origen, tiende a degenerar en una desviación no exenta de cierto componente sádico, que proporciona al individuo una oscura satisfacción a través de la provocación gratuita.
Pero, sin duda, la especie más peligrosa es la de los débiles de carácter (y a menudo de espíritu), para quienes no existe vacuna de ningún tipo, ya que, en mayor o menor medida, todos somos proclives a la compasión hacia quienes carecen de fortaleza para plantar cara a la corriente. Cuando uno se encuentra con uno de estos especímenes, es conveniente que recuerde que son justamente los de su casta los que, bajo la influencia de un líder carismático, aprietan el gatillo con la coartada moral de que sólo cumplen con su deber o que, como el escorpión de la fábula, no pueden luchar contra su naturaleza.
Por eso, a veces, antes de dormir, suelo rezar: “Líbrame, Señor, de miserables y pusilánimes, que de los malos ya me libro yo”.
martes, 5 de mayo de 2009
Eres lo que comes

Resulta que hay estudios que revelan que todos esos potingues ‘enriquecidos’ con bífidus, elecaséis y demás, en lugar de ayudar al sistema inmunológico pueden llegar a dejarlo medio alelado. Tampoco seamos alarmistas, esto no quiere decir que por habernos tomado cuatro actimeles vayan a venir en tropel los virus de la gripe H1N1 (o como demonios se llame a estas alturas del tinglado) a montarse un botellón en nuestro organismo cual universitarios en un parque público.
Lo que sí se ha demostrado es que hay una cierta correlación entre el consumo de este tipo de productos a edades tempranas y una respuesta del cuerpo en forma de alergias. En realidad, de lo que vienen a alertar este tipo de estudios es de algo tan simple como que una persona sana con unos hábitos de vida saludables y una dieta equilibrada no necesita, salvo casos excepcionales, ningún tipo de suplemento.
Esto lo sabrán también, quiero creer (como Fox Mulder), en los laboratorios de todas las multinacionales de la alimentación, pero en un determinado eslabón de la cadena… zas! Con el marketing hemos topado. Entonces llegan los directivos de turno esgrimiendo los resultados de los últimos estudios sobre hábitos de consumo y deciden que lo que el pueblo llano ansía es que se le garantice un entorno aún más aséptico y seguro.
Porque una cosa es que a uno se lo lleve por delante un Golf GTI o un cáncer (que como todos sabemos no tiene nada que ver con el aire que respiramos ni con los millones de ondas electromagnéticas a las que nos sometemos diariamente) y otra muy distinta que mi-Kevin-que-ya-va-en-tercero-y-dice-la-profesora-que-es-el-más-listo-de-la clase comparta el bocata con su-amiga-Jénnifer-que-aunque-es-una-niña-le-hace-ojitos-porque-es-clavada-a-su-madre-que-es-una-golfa. Y no digamos –líbreme el cielo- si encima a Kevin le da por irse a jugar al fútbol con sus amiguitos mientras se come el bocata de chóped.
Lo que todos esos padres idiotizados por vanas promesas de infalible protección parecen ignorar es que ellos mismos merendaron por fascículos, entre patadas al balón y vertiginosos descensos en tobogán y, sin embargo, siempre y cuando su nivel de vida fuese razonablemente bueno, gozaban en términos generales de una mejor salud que sus hijos, a quienes, a golpes de inocentona sobreprotección, acaban por noquear.
Por eso Kevin, que ha crecido sin rodilleras cosidas a los pantalones, llegará al mundo adulto con alergia al polen, a la pimienta, al marisco y a los polos de fresa. Y lo que es peor, en la burbuja en la que lo han criado sus esforzados progenitores seguramente tampoco ha habido mención alguna a la gonorrea, los antidisturbios o, sin ir más lejos, lo que vale un peine (tanto en sentido estricto como figurado).
Así que, Kevin, alegría de mi corazón, si me estás leyendo diles a tus viejos que se metan ellos los bífidus (por dónde ya es cosa suya) y que a ti te den comida como dios manda. Ah, y eso de que te vas a quedar ciego si te masturbas es una chorrada: conócete a ti mismo y verás como Jénnifer te lo agradece algún día.
jueves, 26 de febrero de 2009
Una mujer de su tiempo

En las biografías de las celebridades podemos encontrar referencias a la relación que éstas mantuvieron con la época que les tocó vivir. Simplificando, existen dos tendencias opuestas: Se dice “era un hombre de su tiempo” o bien “era un adelantado a su tiempo”. En el segundo caso, el elogio nace de un cierto halo místico que envuelve a los precursores, aquellos que van más allá de lo que en cada momento se considera moderno (hoy diríamos actual). Son, generalmente, personalidades excéntricas, inadaptadas. Los parias de hoy son los mitos de mañana.
Más interesante es el primer caso. ¿Qué tiene de admirable que un personaje sea “un hombre de su tiempo”? Nada, ciertamente. Así, podemos deducir fácilmente que el elogio no está en la persona, sino en la época (su tiempo). Lo curioso es que, si hacemos un pequeño repaso mental, seguramente nos costará encontrar este tipo de referencias atribuidas a hombres. Es la (vergonzosa) ventaja de haber estado siempre en la cima de la pirámide.
¿Qué nos querría decir el biógrafo que, pongamos por caso, asegurase que Letizia Ortiz es una “mujer de su tiempo”? Estaría dando a entender que, pese a formar parte de una institución como la monarquía, que considera rancia (y aun admitiendo que lo fuese, desde luego no dejaría de ser, en sentido estricto, tan de nuestro tiempo como un ipod), posee todas las cualidades que -se supone- caracterizan a las mujeres nacidas en el último tercio del siglo XX: amplia formación académica, independencia, equilibrio emocional...
Lo que la masa desea escuchar es que vivimos en el mejor de los mundos posibles (lo cual no supone novedad alguna desde que el hombre es hombre). Las mujeres “adelantadas a su tiempo” seguirán siendo parias hasta que el paso de los años nos permita (les permita, en realidad) verlas con perspectiva histórica. La misma que llevará a abominar de la “mujer de su tiempo” a los mismos que ahora lo ven como un valor indudablemente positivo.
lunes, 13 de octubre de 2008
La magia del libre mercado lo equilibra todo... (...o no) - por Jorge Abel

Esta afirmación ha dominado el mundo occidental desde que se le ocurrió popularizarla a Adam Smith en su libro La Riqueza de las Naciones (An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations) de 1776. Smith tuvo la idea de que la riqueza de las naciones venía del trabajo, mejor dicho, de la producción de unos bienes que se comercializaban y de que el precio que por esos bienes se pagase en el mercado libre. El mercado tenía altibajos, pero siempre se acababa adecuando al valor útil de las cosas (vamos, que lo que sirve se vende y lo que no… pues no). Eso hacía que las empresas que producían cosas útiles y a bajo coste acababan vendiendo su producto por más de lo que había costado, dejando un beneficio al empresario, que pagaba a su vez los sueldos, el coste de las materias primas y del transporte.
Para Adam Smith y sus discípulos librecambistas (querían abolir las aduanas, lo que hoy en día hemos llamado globalizar) el mercado libre haría que cada uno produjese lo que se le daba bien. Con ello mejoraría la economía de todos los países y la utilización de los recursos en cada uno de ellos. Creía en que lo que no funciona se hunde.
Tiempo más tarde -tras la Primera Guerra Mundial-, Alemania, Francia y Gran Bretaña le debían mucho dinero a EEUU por los terribles costes de la guerra. Este hecho unió sus destinos económicos y, cuando las cosas fueron mal dadas en la superpotencia americana, la crisis cruzó el charco a toda velocidad. Durante el crack de 1929, un arruinado banco americano (que había dado más dinero del que podía para que la gente invirtiera en la bolsa, ¿os suena?) le pidió dinero a los bancos europeos a los que les había prestado durante la guerra, arrastrando a todo el mundo en su caída.
Tras la crisis de 1929, a todos los gobernantes del mundo les quedó clarísimo que el libre mercado ha de tener unos controles y unos contrapesos. Este es el momento en el que surgen ideas como la de que el estado ha de tener más presencia a la hora de garantizar que los bancos tengan dinero en la caja antes de seguir prestando a lo loco, o que el estado ha de cobrar impuestos para poder hacer políticas de gasto que fomenten el empleo y que saquen al país de la depresión (New Deal y keynesianismo).
Está claro que el proceso económico libre sufre unas subidas y unas recesiones acusadas, a nadie se le escapa que es una cuestión de ciclos. En este fin de milenio, con la globalización, se estaba especulando sobre la posibilidad del fin de los ciclos, pero eso ya se hacía meses antes del crack del 29 y mirad lo que pasó. El orgullo extremo del libre mercado lo lleva a apartarse de la memoria histórica una y otra vez, sólo para darse cuenta, de nuevo, de que es un Ícaro preso de la fuerza gravitatoria de la realidad. Los movimientos económicos suaves no provocan más que leves ajustes en la vida de las personas, pero los movimientos fuertes provocan reacciones acusadas, como, en su momento, las dictaduras fascistas.
La presencia del estado para redondear los picos de esas gráficas económicas es imprescindible. Hemos vivido en un período de loca privatización, de gasto estatal cercenado y de bajada de impuestos. Al final, la crisis ha llegado y nos coge con un estado débil, mal financiado, con su hacienda partida en 17 autonomías celosas y caóticas y con todo el dinero ya comprometido en ridículos planes. Toca subir los impuestos, toca que los ricos se aprieten el cinturón para que el estado tenga posibilidades reales de poner en marcha líneas de crédito estatal (usar el I.C.O., ¡Qué no estoy inventando nada nuevo!) ya que los bancos no son de fiar (las personas que dan los créditos reciben comisiones por concederlos y no castigos porque estos no se acaben pagando, ¿qué iban a hacer si no?).
Las empresas que han estado mostrando beneficios récord no han guardado nada. Según el pensamiento de Adam Smith, alguna se tendrá que hundir, pero resulta que eso acaba llevando a tal retraimiento del consumo que arrastrará en su caída a algunas empresas que sí funcionarían en condiciones normales. El estado ha de estar dispuesto y con opciones de intervenir para ayudar a la gente a que pueda ganarse la vida y pagar sus créditos. Esa es su función.
Hay que prestar la máxima atención a estos momentos de crisis, porque habrá quién quiera seguir saqueando el cadáver. Por ejemplo, se habla de facilitar el despido. Si se liberaliza el despido, ¿qué va a pasar? Más parados nunca se ha visto que aumenten el consumo. ¿A las empresas se las salvará? No, sólo se les permitirá marcharse a Singapur o a Filipinas con menos pérdidas. Este es un momento para encarecer el despido, no para abaratarlo; para cobrar más impuestos, no para cobrar menos; para que el estado se haga más grande, no para reducirlo. Y Esperanza Aguirre privatizando hospitales... Hay que leer más y ganar menos.
*Ilustración: Miguel Brieva
martes, 29 de julio de 2008
¿Deben los empresarios pagar menos impuestos? - por Jorge Abel

¿Deben los empresarios, como fuente de empleo, pagar menos impuestos? Muchos liberales así lo opinan. Para rebatir esta tesis me gustaría exponer un par de puntos. Tomadlo con calma, por favor:
Asalariado: Es la persona que trabaja por un salario. Para que este trabajador cobre a final de mes, es necesario que produzca bienes que generen un beneficio una vez descontados todos los gastos de producción, entre los que se encuentra su propio sueldo. Esa rentabilidad se denomina plusvalía. Si no hay plusvalía, no hay trabajador, es decir, la empresa se lo chimpa más rápido que inmediatamente. Reflexión por tanto… Nunca se le hace un favor a un trabajador por darle trabajo… Moraleja: Si no lo generas, no cobras tu sueldo.
Autónomo: Es el trabajador que lo hace por cuenta propia, es decir, él es el encargado de administrar sus propias plusvalías. No tiene un sueldo asegurado, aunque desee ponérselo (se ha puesto de moda este modelo de PIME), es simplemente un ejercicio banal de contabilidad. En espíritu, la diferencia mayor reside en que esta persona arriesga su patrimonio a cambio de la esperanza de ganar más dinero y/o de vivir mejor que los trabajadores asalariados. Si uno lo piensa un poco, no hay una gran diferencia entre Botín y el panadero de la esquina, ambos tienen un dinero y un trabajo metidos en un negocio que les genera un beneficio (sólo que Botín es el puto Godzilla de los autónomos).
Eso significa, saltando todas las peculiaridades y excepciones que tiene este ancho mundo, que un autónomo es alguien que está dispuesto a arriesgarse en busca de un beneficio personal… Y cuando alcanza este éxito personal, no ha de compartirlo con nadie, es suyo. Pocos son los que se hacen ricos a base de trabajo asalariado. Muchos son los que tienen éxito con su empresa y prosperan, y muchos también los que fracasan en el intento y se quedan sin el capital acumulado de una vida.
¿Quién debería pagar más impuestos de los dos? Buena pregunta, y para encontrar una respuesta coherente debemos saber cuáles pueden ser los usos de esos impuestos. Pondré una lista que me parece bastante genérica:
A. Defender a la comunidad de las agresiones del exterior.
B. Hacer que las cuestiones comunes funcionen. Facilitar la vida de los miembros del estado.
C. Evitar los abusos entre los propios miembros del estado.
Ejemplos del punto A: Las amenazas de los animales nos obligan a juntarnos y a hacer guardia (hace ya tiempo que tenemos esa controlada); hoy en día… la guerra: Todo estado que no se prepare para ella cae en manos de uno que sí lo hace. La preparación del estado para conseguir lo necesario para defenderse a sí mismo como institución y a los integrantes como colectivo es básica, condición 'sine qua non'.
Ejemplos del punto B: Las infraestructuras que los individuos como tales no son capaces de poner e marcha (educación, carreteras, tendido eléctrico…) y que facilitan la vida de todos. En este caso, además, hay que contemplar la redistribución de lo que paga cada uno en el beneficio que le devuelve el estado.
Ejemplos del punto C: Para que la convivencia sea coherente y pacífica el estado ha de asegurar a las personas unas normas: las leyes. Ha de tener por lo tanto las instituciones y los medios para hacerlas cumplir. En el estado actual se supone que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y en derechos, por lo que el estado está garantizando que las diferencias sociales, culturales, religiosas y demás no suponen un lastre significativo para nadie a la hora de ser libre.
Bien, volvemos al punto de inicio, ¿por qué debe pagar más un autónomo/empresario de éxito en impuestos?:
1. Porque el estado garantiza que nadie va a entrar en su negocio y le va a quitar las cosas por la fuerza. Si dejásemos que la violencia dominase las relaciones (eliminando el estado) al autónomo le iban a dar un poco de estopa para que produjese su beneficio y lo cediese en forma de impuestos/saqueos al señor de la guerra de turno (ley de la selva). A un proletario le da igual, dentro de lo que cabe (vamos, que pierde menos), porque ya tiene que hacerlo. Sálvense, por favor, las distancias en este razonamiento. Lo que quiero decir es que el estado asegura la suerte de mucho más capital en el caso del autónomo. Si aseguras más, cobras más, pregúntale a la Mutua Madrileña.
2. Las infraestructuras que hay comunes, en el caso de los asalariados, les sirven para mejorar su vida; en el caso de los autónomos/empresarios les sirven para mejorar su vida y su negocio. Nadie va a usar un camión por una carretera pública para traerle nada que haga rico a un trabajador a sueldo. La electricidad que consumo en mi casa, necesaria para una vida digna, cuesta lo mismo (puede incluso que más) que la que consume un negocio/industria, que genera un beneficio (tasable, por lo tanto). Recordemos que la idea de un empresario de ganar dinero es cobrar por un servicio que ofrece. El estado puede hacer lo mismo, está legitimado.
3. El estado español -en este caso- ha de evitar el desequilibrio social extremo. Está en la constitución, en el artículo 40. ¿Por qué? Porque la diferencia económica extrema y los casos de necesidad evitan que todos seamos libres e iguales (si no tengo para darles de comer a mis hijos, tengo que hacer lo que me pidan). No hacerlo así viola el uso fundamental del estado que comentaba en el punto C, habría un abuso interno. El estado, por lo tanto, ha de evitar que haya hombres pobres (si no, uno no es libre), y también debe evitar que haya hombres tan ricos que puedan saltarse las normas (en esto no estamos triunfado en los últimos años).
En resumen, creo que los ricos deben pagar más impuestos, y cuanto más ricos, más porcentaje. Luego me podrán llamar comunista, pero eso es otra cosa, depende de la organización de los medios de producción y de la propiedad de los mismos… Y eso ya es para otro artículo.
Gracias por leerlo hasta el final. Si no estás de acuerdo y tienes una idea que funciona, por favor, escríbele algo a jaomonty@gmail.com que estamos aquí para aprender.
lunes, 21 de julio de 2008
¿Por qué no te metes tu dialecto en el orto?
No voy a fingir sorpresa por el ‘intercambio de opiniones’ que ha surgido en este blog respecto al castellano o español (tanto monta). Lo que sí me llama la atención es que haya emergido tanta hostilidad sin haber expresado en ningún momento ideas nacionalistas. Ya lo sabía antes, pero ha sido una buena manera de ilustrar gráficamente lo mal que se nos da a los españoles (anda, si me incluyo, igual no soy tan ‘independentista’) debatir sobre puntos de vista diferentes. Me refiero a escuchar lo que dice el otro y tratar de rebatirlo con argumentos sensatos, pero SÓLO si persiste el desacuerdo (aunque evidentemente dos no se ponen de acuerdo si uno no quiere). Lo curioso es que soy partidario del ‘Manifiesto por la lengua común’, lo cual me sitúa entre dos fuegos. Así, es normal que reciba algún balazo.
Respecto a la formación del español, la Wikipedia recoge lo siguiente: "El dialecto castellano se originó en el condado medieval de Castilla (sur de Cantabria y norte de Burgos), con influencias vascas y de los germanos visigodos. Los textos más antiguos que se conocen en castellano son los Cartularios de Valpuesta, conservados en la iglesia de Santa María de Valpuesta (Burgos), un conjunto de textos que constituyen copias de documentos, algunos escritos en fecha tan temprana como el siglo X, seguidos de las Glosas Emilianenses, que datan de finales del siglo X o principios del XI, que se conservan en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja), localidad considerada centro medieval de cultura."
V se presentó con el comentario siguiente: “¿Por qué no te metes tu dialecto en el orto?”, pero en vez de hacer oídos sordos ante el tono ofensivo, le expliqué porqué tiene consideración de lengua hermana del castellano o, si se prefiere, dialecto del latín. V ofrece una explicación de la formación del idioma un poco diferente a la anteriormente citada, en la que La Rioja tiene un papel predominante, por lo que plantea una alternativa para intentar desacreditar el término ‘castellano’: “El ‘castellano’, como tú lo llamas, teniendo raíces e influencias fenicias, griegas, árabes, cartaginenses, germánicas, celtíberas y vascas fue comformado en base a las anotaciones de unos monjes riojanos en el siglo X. Así que de lengua de castilla, tiene menos que la tuya, sería más correcto incluso llamarlo riojano que castellano”.
La duda que me surge, aun aceptando esta exposición (de momento, me quedo con la de la Wikipedia), es la siguiente: ¿Conoce V la situación administrativa de La Rioja en la época de formación del castellano? Yo tampoco sabía exactamente cuál era, así que preguntemos a Wiki (hay colegueo ya): “El territorio de La Rioja estuvo en disputa entre los reinos de Navarra y Castilla desde el siglo X. Los reyes Alfonso VIII de Castilla y Sancho VI de Navarra, tras firmar una tregua en agosto de 1176, admitieron al rey de Inglaterra como árbitro, emitiendo éste el Laudo arbitral del Rey Enrique II de Inglaterra en marzo de 1177, en el que Navarra perdía casi todo lo que actualmente es La Rioja, cediéndoselo a Castilla.”
Estoy de acuerdo con Gloria en que debatir durante más de dos comentarios sobre la denominación idónea del idioma era una pérdida de tiempo. Sobre todo porque los lingüistas han zanjado la cuestión admitiendo que es correcto decir ‘español’ y también ‘castellano’, con preferencia hacia el primero cuando lo citamos fuera del contexto nacional y hacia el segundo si queremos matizar la singularidad respecto a otras lenguas del Reino de España. Pero el insulto gratuito, la prepotencia y la demagogia (léase información parcial) me alteran sobremanera. No sé si éste es, como dice V, un país de gilipollas, lo que sí me parece, como decía Dámaso Alonso, es un nido de cainitas en el que cada uno se dedica a lanzar sobre los demás tanta mierda como le sea posible.
*Imagen: 'Duelo a garrotazos' (también llamado 'La riña'), de Francisco de Goya.
domingo, 6 de julio de 2008
Neoliberales con piel de socialdemócratas

Viendo en el informativo del Canal 24 horas de TVE a los participantes del último Congreso del Partido Socialista Obrero Español cantando a pleno pulmón La Internacional se me erizaron, uno a uno, todos los folículos pilosos. O más bien se me irritaron. En ocasiones como ésta fantaseo con una versión ibérica de La noche de los muertos vivientes, con Pablo Iglesias preparándose con la sesera de la vicepresidente de la Vega un rico bloody mary (nótese el astuto juego de palabras). Podría despacharme a gusto con cualquier otro miembro del Gobierno (lo de 'miembra' lo dejamos para otro día, que ya me noto la bilis en la úvula), pero esta vez le ha tocado a ella, en parte para no renunciar al chascarrilo coctelero, en parte porque ser portavoz (¿o era portavoza?) te sitúa automáticamente en el centro de la diana de las críticas. Sobre todo cuando no tienes ni puta idea de lo que explicas o simplemente mientes por todo el morro a los ciudadanos confiando en su estupidez.
Recopilando información acerca de la celebérrima medida de los 400 euros, encontré en la altamente recomendable web 'www.rebelion.org' un artículo de Carlos Martínez (heterónimo), que no he podido resistirme a reproducir aquí. Para los que no estén del todo familiarizados con conceptos como los de 'progresividad fiscal' o 'socialdemocracia', es un buen momento para coger papel y boli, guardar la chuleta en un lugar bien visible y repasarla antes de votar alegremente en las próximas elecciones a un partido que saca pecho presumiendo de socialista.
"El pasado día 27 de enero el presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, prometió disminuir las retenciones del Impuesto Sobre la Renta de Personas Físicas en una cuantía de 400 euros anuales a los asalariados y pensionistas. La medida empezaría aplicarse en junio, con carácter retroactivo desde enero. Al día siguiente, la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, aclaró dicha medida electoralista. En un desayuno informativo organizado por Europa Press declaró que la propuesta "no puede ser más progresiva": Ha añadido que “las personas que contribuyan al IRPF con 400 euros o menos no tendrán que pagar nada y la medida tendrá un efecto del cien por cien; mientras que las que contribuyan con 4.000 euros se beneficiarán en el 10 por cien”. "Parece razonable que todas las personas que han contribuido al ahorro participen proporcionalmente, en función de lo que aportan", ha señalado.
Habría que aclararle a la Sra. Fernández de la Vega qué se entiende por progresividad fiscal, uno de los principios defendidos tradicionalmente por la social-democracia. Un sistema impositivo es progresivo cuando los que más ganan pagan más impuestos y los más necesitados reciben más ayudas públicas. No es progresiva, por ejemplo, la medida anunciada con anterioridad de ayudar a cada familia que tenga o adopte un hijo con 2.500 euros sin tener en cuenta las rentas de quien las recibe. Sería progresiva si se pagara más a las familias más humildes y no haría falta pagar nada a la familia de Emilio Botín.
Pero esta medida de “cuatrocientos euros para todos” encierra más trampas. Se trata de una disminución de la retención del IRPF. Los asalariados y pensionistas más humildes y más necesitados no recibirán nada, pues según el Instituto Nacional de Estadística el número de asalariados es de mas de 20 millones de personas, pero sólo presentan declaración de IRPF unos 13 millones según la vicepresidenta, de lo que podemos obtener la conclusión que hay 7 millones de trabajadores y pensionistas que ni siquiera hacen la declaración de renta. Entonces, estas personas que son las más necesitadas de ayudas públicas, ¿en que se benefician de esta medida supuestamente "progresiva"?.
De los que sí declaran, los asalariados y pensionistas que no llegan a pagar 400 euros anuales en concepto de IRPF recibirán como máximo una cantidad igual a la que les hayan retenido. Sin embargo, todos los que pagan más de cuatrocientos sí que recibirán este dinero en su totalidad. Vamos, que el gobierno Zapatero regalará 400 euros a los más ricos y nada o muy poco a los más pobres. Exactamente todo lo contrario a una medida “progresiva”. Es difícil imaginar cómo un jubilado de pobres recursos y votante del PSOE no vaya a beneficiarse de esta medida mientras que un profesional de alto poder adquisitivo y votante del PP será quien más se alegre.
Si la intención del gobierno del estado era evitar la crisis económica en ciernes mediante medidas fiscales para fomentar el consumo (medida por cierto copiada del gobierno de Bush), la solución, también, no era otra que optar por la redistribución. Por ejemplo, en lugar de regalar el gobierno 5.000 millones a sus mejores contribuyentes, los podría haber entregado a los más necesitados pues sólo esta población asegura que el 100% de ese dinero se destinará al consumo y no al ahorro como harán las clases más pudientes. No estamos descubriendo nada nuevo, simplemente se trata de aplicar las conocidas doctrinas de John Maynard Keynes. Como ya decía Stiglitz, citado por Alberto Montero en estas mismas páginas, una bajada de impuestos en España sería “una equivocación”, argumentando que “los problemas de Estados Unidos empezaron con las reducciones fiscales”.
El abandono del PSOE de las políticas socialdemócratas (si alguna vez las tuvo) y la carrera hacia el neoliberalismo cada vez es más patente, sólo se entiende porqué gran parte de la clase trabajadora sigue dando su apoyo a este partido por el pavor que le produce el Partido Popular, una formación cercana a la ultra derecha. Y a su izquierda no hay nada más que una pequeña organización (IU) que ha sido impotente para enfrentarse a estas políticas neo-liberales."
Leer el artículo en su contexto original.
martes, 1 de julio de 2008
Based on a true (Galician) story

-Parroquiano Gallego: ¡¡Súbelle o volumen a esa tele que non se escuita!!
-Camarera Francesa: A mí no me gjite, que no estoy sojda.
-P.G.: ¡¡Queremos oír o fúbol (juega el Madrid, nada menos)!!
-C.F.: Le he dicho que no me gjite.
P.G.: ¡¡Sube o volumen dun carallo dunha ves!!
-C.F.: ¡¡¡Ya estoy hajta, a tomaj poj culo!!! ¡¡No hay más fútbol!!
La camarera se gira y apaga la tele.
- P.G.: ¡¡¡¡Me cajo na cona. A culpa é de quen vos da os papeles, que nin falar sabedes!!!!
(Dedicado a Sonia y a Chantal).
*Imagen: "Los Tres Monos Sabios o Místicos, que se tapan con las manos respectivamente los ojos, oídos y boca, están representados en una escultura de madera en el santuario de Toshogu, en Nikko, Japón. Parte de su significado está en el juego de palabras que se origina en japonés entre el sustantivo “saru” que significa mono, y el adverbio homófono que produce la negación del significado de la raíz a la que se asocia enclítico. Las palabras compuestas “mizaru", “kikazaru” e “iwazaru” significan respectivamente “no ve", “no oye", “no habla", y el mono ha pasado a ser un símbolo de la negación en abstracto". (Fuente: Wikipedia).
lunes, 2 de junio de 2008
Quiero tener un hijo

He visto varias veces el último spot de Endesa y, aunque me ha costado trabajo, creo que por fin voy pillando –como diría Manquiña en Airbag- el CONCEPTO. Eso sí, tanto a los que han pagado como a los que han cobrado por desarrollar la idea les recomendaría que, dado que no han tenido empacho en insultar a nuestra inteligencia, en próximos capítulos tengan a bien eliminar todo atisbo de ambigüedad en el mensaje. Ésta es mi propuesta:
“La contaminación y el abuso de los recursos naturales están mal. ¿Quién va a saber más de eso que nosotros, que llevamos años enriqueciéndonos con este negocio?”. Así quedaría todo mucho más claro, amén de resultar infinitamente más honesto. Y además podríamos extender su uso a todas las multinacionales de la energía, sería como uno de esos mensajes obligatorios en los paquetes de cigarrillos, del tipo “fumar mata”; “el tabaco produce impotencia” o “lleva un montón de mierda, pero si le llamamos por el nombre científico da menos asco que enseñar pulmones de fumadores”.
Yo también quiero tener un hijo algún día, a pesar de legarle un mundo que probablemente no he podido contribuir a mejorar ni un ápice. No creo que todo tiempo pasado haya sido mejor (“Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”. Cicerón, 106 a.C. - 43 a.C.) y sé también que hay muchas posibilidades de que mi vástago sea un perfecto cabronazo (como su padre). Pero espero que al menos tenga la decencia de no ocultar(se)lo y que si alguna vez presume de aquello de lo que debería avergonzarse no se sorprenda si alguien le parte la cara o se caga en su puta madre.
miércoles, 28 de mayo de 2008
Curso acelerado de periodismo deportivo

Desde que me incorporé al mercado laboral he desempeñado los trabajos más inadecuados que puedo imaginar. Es cierto que, al menos, he podido ganarme el pan dándole a las teclas –pobre consuelo- pero siempre o casi siempre en el ámbito del periodismo deportivo, probablemente el que peor se adapta a mi manera de ‘procesar’ el mundo. No quiero decir que no lo haya pasado bien (a ratos) ni que no me haya resultado útil todo lo que he vivido, simplemente lamento que cuanto más me involucro en este circo (y lo he hecho ya desde puntos de vista muy diferentes) más marciano me siento.
Lo único que me ha permitido mantener la cordura en momentos complicados de mi vida ha sido una inusitada capacidad para tornar lo trágico en trivial. El poso que han dejado en mí dos lustros de dedicación al ejercicio de la frivolidad es, además de una querencia inquebrantable por el humor negro, un odio exacerbado hacia quienes se empeñan en hacer de su vida (mediocre, generalmente, y supongo que ahí está la clave) un melodrama.
El periodismo deportivo es el paradigma de la ‘culebronización’. Tomando prestada la terminología de Kundera en su más conocida novela, podríamos decir que consiste en hacer creer al público que lo más leve entraña en realidad una enorme gravedad. El problema moral surge (si no lo ha hecho antes) cuando el periodista debe distinguir entre sensacionalismo y mentira.
La tiranía de las cifras
Sin ser patrimonio exclusivo del ámbito deportivo, los números adquieren aquí un peso que, por desmedido, acaba rozando lo absurdo. Pero rozándolo por la parte de fuera, claro. Probablemente la exageración más estúpida –y se da sistemáticamente- es la de la asistencia a los recintos deportivos. En el pabellón Caja Madrid (partido Interviú-Leis) calculé de forma aproximada unos 800 espectadores y casi se me atraganta el kit kat cuando mi homólogo madrileño paseó ante las narices de los periodistas un cartel que indicaba: 2.500 espectadores. Entre el corporativismo y la conciencia elegí el camino del medio y ‘olvidé’ rellenar ese dato.
La estadística es otra de las artimañas de las que nos valemos para seducir al lector, dejando claro en la mayoría de los casos que consideramos a la audiencia totalmente imbécil. Me viene a la memoria una información de cierto periódico tras la victoria del Leis ante el Lobelle en el primer partido de la segunda vuelta (temporada 07-08): “… ha logrado en un encuentro el 75% de los puntos de toda la primera vuelta…”. Siendo este dato indudablemente cierto, ¿no es también igualmente ridículo destacarlo en forma de porcentaje? Afortunadamente, tras los dos siguientes partidos (dos nuevos triunfos), no leí por ninguna parte: “El Leis lleva en la segunda vuelta el 150% (y posteriormente el 225%) de los puntos de la primera”.
Cómo hacer hablar a un mudo (sin recurrir a la Guardia Civil)
Para el lector que desconoce el funcionamiento de la prensa, todos los actores sociales se expresan de forma similar en nuestro idioma, desde un premio Nobel de literatura argentino hasta un futbolista esloveno analfabeto. No sólo limamos casi todas las expresiones vulgares y corregimos cada error gramatical, sino que conseguimos convertir un ‘sí’ o un ‘no’ en diez líneas de perorata. Sin despeinarnos y entre comillas, con un par. Para los no iniciados, ahí va un ejemplo:
Plumilla: Buenas tardes, Jaiminho, ¿cómo has visto al equipo en el partido de ida?
Jaiminho: Bien.
Muy mal, con esta clase de preguntas nos arriesgamos a quedarnos sin texto para rellenar la página (que es lo único verdaderamente relevante) y, lo que es más esencial si cabe, sin titular, salvo que no nos de vergüenza emplear un sucinto “Jaiminho ve bien al equipo”. Aunque en conciencia todos sabemos que poco más hay que contar, debemos ser profesionales y cubrirnos las espaldas con esta técnica básica:
Plumilla: Buenas tardes, Jaiminho. El equipo hoy ha dominado el centro del campo como había dicho el míster en la previa; circulasteis con criterio y creasteis peligro con las incorporaciones por banda. Parece que jugando así no se os puede escapar la eliminatoria, ¿verdad?
Jaiminho: Sí, así es; quedan aún 90 minutos y puede pasar de todo, pero hemos dado un paso muy importante.
Mejor, ¿eh? Pero no acaba ahí la cosa, porque la magia de la prensa puede convertir esta conversación (sin que ello sea considerado delito o tergiversación) en estas interesantes declaraciones:
Jaiminho: “Sabíamos que era importante dominar el centro del campo y lo hemos hecho bien; circulamos con criterio y creamos peligro con las incorporaciones por banda. Jugando así no se nos puede escapar la eliminatoria (ahí tenéis vuestro titular, amigos); hemos dado un paso muy importante, pero debemos ser prudentes porque aún queda el partido de vuelta y no hay nada decidido”.
¿Qué? ¿He oído que alguien se siente estafado? Lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo.
miércoles, 21 de mayo de 2008
Pequeño catálogo de seres impertinentes
Tengo la capacidad de ver el futuro. Para ser exacto, no todo el futuro, sólo una parte, concretamente la que concierne a mi personalidad. Sólo tengo una duda, no sé si seré un anciano gruñón entrañable o un anciano gruñón hijo de puta. Supongo que será proporcional al número de divorcios.
De momento, hay situaciones en las que me vislumbro a mí mismo dentro de 40 años en plan “échale más agua a esa masa” o “¡¿dónde te dieron el carnet, gilipollas?!”. Es como un ‘flashforward’ de mi vida, un trance que me sobreviene cuando me encuentro con -entre otros- alguno de estos irritantes personajes:
-Los gurús de la moda que diferencian entre ‘amarillo limón’ y ‘aguacate iluminado’.
-Los tertulianos en general y los malabaristas del eufemismo gratuito en particular.
-La gente que, llevando paraguas, se ancla bajo las cornisas cuando llueve.
-Los conductores que no se detienen en un paso de cebra (sobre todo cuando hay peatones esperando bajo la lluvia).
-Los galleguistas que dicen 'servizo', 'incríbel' y 'vogal'.
-Los que se cuelan disimuladamente (eso creen ellos) en la cola del supermercado, casi siempre mayores de 50 y estoy por apostar que jubilados o desocupados: “Esta juventud ya no tiene respeto”. Tócate los cojones.
-Los novios que preguntan de forma recurrente: “¿En qué piensas?”.
-Los ‘compañeros de sábanas’ cuya primera frase post coital es: “¿Te ha gustado?”.
-Las voces electrónicas: “Su tabaco, gracias”; “el número marcado no está disponible en este momento”; “ha elegido felación con eyaculación facial (todo se andará…)”.
-Los 'listos' que siempre tienen preparado un "te lo dije" para 'animarnos' cuando la cagamos.
-Los maniáticos y los que hacen listas inútiles.
viernes, 16 de mayo de 2008
viernes, 2 de mayo de 2008
Matrioskas

-¿Qué haces? ¿Otra vez pegado a la Play?
-Es que estoy enganchadísimo al Real Life.
-¿Y eso de qué va?
-Es rollo sims, ya sabes, creas un personaje y lo haces interactuar con otros. Es completísimo, tiene un montón de opciones.
-Ya, y tú eres una stripper bollera, no me digas más…
-Que va, más o menos he tratado de crear un personaje con mis mismos rasgos y aptitudes. Bueno, con menos kilos y más centímetros, pero tú ya me entiendes.
-Vaya, y sorpréndeme, ¿qué increíbles aventuras estás viviendo con tu alter ego virtual?
-Pues ahora mismo está en casa, reponiendo puntos de fatiga y jugando a la Play…
sábado, 19 de abril de 2008
El advenimiento

David se enorgullecía de su capacidad de observación tanto como de su título en la Autónoma, su BMW, su empleo o su oxigenada novia. El contexto de la conversación determinaba que se refiriera a todo ello como sus logros o sus posesiones. En el fondo, a él le parecían sinónimos, pero era un auténtico camaleón social, una criatura privilegiada que había pulido con esmero sus estrategias adaptativas para ser uno con la masa. Sabía, por lo tanto, que el lenguaje había dejado de ser hace tiempo un mecanismo de comunicación para convertirse en un elemento de uniformización o de exclusión, según el caso.
Tenía una ocurrencia estúpida, y sabía que lo era (luego estaba abocada al terreno de la intimidad), pero no por ello renunciaría a ella: la palabra masa siempre se le había aparecido cargada de connotaciones positivas. Masa contiene en su interior la palabra mas (sin tilde, bien es cierto, pero la coincidencia es evidente); según la física, la masa es la cantidad de materia de un cuerpo; en gastronomía, es un conglomerado de diversos elementos (algunos tan esenciales como el agua o la harina) que a su vez puede adoptar innumerables formas. Masa es suma, masa es esencia, masa es potencialidad.
Revelación
Las señales que se le habían ido apareciendo de forma aislada no tenían en origen ningún tipo de significado. No lo tenían mientras no pudo asimilarlas en su conjunto, de forma articulada. Tampoco podía culparse por haber tardado en darse cuenta, al fin y al cabo ¿cuántos semáforos en verde consecutivos hay que pasar para advertir que jamás se encuentra uno en rojo? No, no es una metáfora.
Se dio cuenta de que los mendigos jamás le importunaban con sus lastimeras súplicas, las mujeres nunca rechazaban su compañía, nadie osaba enturbiar el absoluto orden que regía su particular universo. Siempre había despreciado cualquier religión, pero cuando el mismo Dios te pone la mano en el hombro, no puedes simplemente mirar hacia otro lado. ¿Debía interpretar que tenía un objetivo especial que cumplir?
Es muy frustrante intentar hablar con Dios. Seguramente escucharía todo lo que dijese y estaba claro que sentía predilección hacia él, pero constantemente lo asaltaban innumerables preguntas que deseaba formular. Decidió que la única forma de encontrar las respuestas era llevando las cuestiones a la práctica.
Prueba de fe
Empezó experimentando con insectos, después se atrevió con peces, reptiles y, finalmente, algún pequeño mamífero. Pero eviscerar a un perro en pleno parque era algo que quizá la gente que paseaba a sus mascotas no vería del todo bien. Llegó a casa y sacó del maletero el poco discreto bulto. En el ascensor, una vecina le preguntó si llevaba un cadáver y él rio escandalosamente. “Sí, eso es exactamente lo que es. Buenas noches”, y la puerta se cerró tras de sí.
El ‘paquete’ era más pesado de lo que recordaba y cargarlo hasta el salón le hizo sentirse fatigado. Se quitó toda la ropa y busco un pantalón deportivo en un cajón, fue al lavabo, se refrescó un poco, se mojó el pelo y se lo ató en una coleta. Encendió la cadena de música y puso el 'Violator' de Depeche Mode en modo bucle y reproducción aleatoria. Fue a la cocina y tomó varios cuchillos. Despejó la gran mesa del salón y preparó la sala de operaciones canturreando 'Policy of Truth'.
Cuando se halló ante el cuerpo sin vida de una adolescente sintió náuseas y creyó que vomitaría allí mismo, pero su cuerpo se estabilizó de inmediato. Estuvo observándola durante al menos media hora antes de decidirse a darle el primer corte, justo cuando sonaban los primeros acordes de 'Sweetest perfection'. La abrió en canal con precisión de cirujano y fue extrayendo poco a poco los órganos. Después serró el cráneo con una caladora y lo vació casi por completo. Le sacó los ojos de sus cuencas y se dio cuenta de que habían sido manipulados previamente. Ligeramente incrustado en la parte posterior de uno de ellos había un pequeño trozo de papel enrollado como un cigarro.
Los tres mandamientos
De fondo sonaba el corte tres del disco mientras ante sí aparecía un texto (Arial, cuerpo 10, aproximadamente) con el encabezado “Mandamientos” y que se componía, casualmente, también de tres puntos.
-La vida nace de la muerte, luego no hay mayor acto de amor que el asesinato.
-El placer es concreto, natural y verdadero; el remordimiento es abstracto, artificial y falso.
-No atiendas a las leyes de los hombres: son mudables y confusas.
Firmado, D.
