Hay que pagar un precio por disfrutar del verano. No es una norma escrita, pero es fácil llegar a esta conclusión viendo las carteleras de los cines y las parrillas de las cadenas de televisión cada vez que llegan estas fechas. Uno de los daños colaterales de la temporada estival es que nos hemos quedado temporalmente huérfanos de uno de los pocos programas de entretenimiento que conjugan un humor fresco y a menudo surrealista con impagables referencias culturales. No, no me refiero a Los Serrano, listillos, he dicho fresco y surrealista, no surrealista a secas. Estoy hablando de Muchachada Nui, la versión 2.0 de La Hora Chanante. Y de este tema os voy a hablar yo, que soy… ¡¡¡Andreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeés!!! -Rivas Santos-. Pa serviros.
Concretamente, me fascina la cinefilia de este grupo de cómicos capitaneado por Joaquín Reyes y complementado por personajes brutalmente graciosos como Ernesto Sevilla (Marcial), Carlos Areces (El joven Rappel, El Bonico) y Julián López (Perro Muchacho, El hombre asqueroso) entre otros. A lo largo de los 26 episodios -13 por temporada- que han presentado desde que firmaron por La2, han ido desfilando por sus sketchs numerosos personajes de ámbitos tan diversos como la política, la literatura, la música, la moda, la lucha libre, la aristocracia, la televisión y, por supuesto, el cine. Siempre con un exagerado acento manchego como seña de identidad, Reyes se ha metido en la piel de Sánchez Dragó, Galliano, Alaska, Paris Hilton o Tarantino en la emblemática sección ‘Celebrities’.
Además de los apartados fijos, cada programa cuenta una historia diferente, presentada por una de estas celebridades. En el episodio 4 de la primera temporada, Michael Moore y Paris Hilton forman parte de un jurado popular, parodiando el clásico 12 hombres sin piedad. Tengo la (¿absurda?) teoría de que buena parte de los espectadores, sobre todo los más jóvenes, ni siquiera había oído hablar de esta película anteriormente y, aunque no dudo que muchos se habrán quedado exactamente como estaban, al menos a una parte se le habrá ocurrido indagar un poco al respecto para acabar descubriendo que, ¡coño¡, el cine viejuno no está tan mal después de todo.
Pero el filme de Sidney Lumet no es el único que ha sido homenajeado por los ‘muchachos’, que han ido sembrando su camino de numerosas recreaciones y guiños a joyas del séptimo arte. Mark Hamil (el actor que encarnó a Luke Skywalker en Star Wars) sufrió la misma angustia de Bill Murray en Atrapado en el tiempo; la mansión de Gunilla se convirtió en una prisión para los invitados a su fiesta, como en El ángel exterminador, de Buñuel; Las mujeres de Spielberg y Von Trier se enzarzaron en una ‘reyerta-dogma’ en Ojete St., peculiar barrio que guarda un ‘sospechoso’ parecido con Elm St. de Dogville; el cómico zombie, Frank Coconut, emuló a De Niro/La Motta en su conocido monólogo ante el espejo en Toro salvaje.
Misery, El retrato de Dorian Gray, Pulp Fiction, Mary Poppins y El increíble hombre menguante, por citar otros ejemplos significativos, también tuvieron cabida en este cajón (no tan) de sastre del humor. Un soplo de aire fresco que no nos vendría nada mal para soportar mejor el ambiente caldeado (y a menudo pestilente) del verano. Y fuera de la televisión también.
sábado, 19 de julio de 2008
Muchachada Nui: la herencia de Mel Brooks
jueves, 19 de junio de 2008
Kitos
Hay personas que se llevarán el diminutivo a la tumba. Marcos Blanco, Kitos, es uno de ellos. En mi segundo día de prácticas en Diario de Pontevedra, hace ya cuatro veranos, se sentó a mi lado un chico de aspecto bonachón, sonrisa franca y voz rasgada. “Hola, tú eres Andrés, ¿verdad? Yo soy Marcos” –me dijo mientras me propinaba un firme apretón de manos- “para cualquier cosa que necesites o cualquier duda que tengas, aquí estoy.”
Tiempo después me confesó que, debido a la impresión que le había causado en aquellos primeros días en los que me esforzaba por pasar lo más inadvertido posible, se había formado una idea completamente diferente de la que hoy por hoy tiene de mí. Él, en cambio, sigue pareciéndome exactamente la misma persona que me tendió la mano con fraternal confianza cuando todavía éramos unos absolutos desconocidos.
Ahora mi AMIGO vive en Madrid, trabaja en un periódico semanal (Gente) y comparte su vida con Patri, otra periodistaza de tomo y lomo, de esas a las que puedes soltar desnudas en el desierto sabiendo que en dos semanas te la encontrarás en España presentando su nuevo libro: ‘Cómo sobrevivir en el desierto (y volver para contarlo)’. Aunque sé que para Kitos su novia es, sobre todo, su ancla con la realidad y con la versión más productiva de sí mismo; su tabla de salvación.
Antes de echarle criadillas a la vida y colgarse la mochila al hombro destino ‘vayausteasaber’, Marcos compartió conmigo casa (es un decir) en Pontevedra (otro decir). Desde fuera parecía efectivamente una vivienda, pero en realidad era una trampa mortal de frío y humedad; sin calefacción, por supuesto, y con menos presión de agua que un flato de Jesús Mariñas. Y tampoco estaba precisamente en el centro de la ciudad, sino en una aldea del extrarradio llamada Lérez, aunque bien podían haberle llamado ‘Atomarporculolandia’.
Durante los meses que vivimos juntos tuvimos tiempo para fabricar anécdotas para ir tirando durante varios años. Allí rompimos la cama que usábamos de sofá cosquilleando a cuatro manos a Tati (ya célebre en este blog); fuimos al gimnasio casi todos los días sólo para poder ducharnos sin tiritar; aprendimos a dar toques al balón sin que se cayese en un espacio de 2X2 metros; descubrí que los gemidos de cierta partenaire suya eran imposibles de contrarrestar aun subiendo el volumen a la radio; comprobé que, en plena coyunda, se puede sonreír por la ventana a la gente que pasa con toda naturalidad…
Kitos es, usando una expresión de ese otro crack llamado David Acevedo, esa persona a la que matarías 100 veces y resucitarías 101. Uno aprende rápidamente a convivir con su impuntualidad o sus despistes, pues es fácil darse cuenta de que no es una persona tierna, él inventó la ternura. Por eso echo tanto de menos a ese maldito cabronazo. Por eso y porque sus imitaciones de Nino Mirón (presidente del Pontevedra C.F.) y del Fary cantando temas de Eminem, U2 o los Beatles provocan síndrome de abstinencia: “¡¿Dónde está mi china?!”
martes, 11 de marzo de 2008
Un adecuado representante para Eurovisión
¿Qué tienen en común La hora chanante y Rodolfo Chiquilicuatre? Sí, los dos provocan la risa, es cierto, pero también Esperanza Aguirre, así que seamos más precisos. Los dos primeros van del humor al humor por el humor, mientras que Espe lo hace con más rodeos, es decir, tomándose a sí misma en serio. A lo contrario se le llama parodia, un subgénero que conjuga los gags más elementales (y por ello los más inevitablemente desternillantes) con enormes dosis de ironía y sarcasmo. A esa ‘intención oculta’, no exenta por supuesto de malicia, le llamamos retranca (sobre todo en Galicia).
Aunque la manejemos con cotidianidad y suficiencia, la retranca no es patrimonio exclusivo de los que vivimos al oeste del Padornelo, pero conviene matizar que lejos de nuestras tierras suele manifestarse no tanto como fin en sí mismo, sino como complemento del humor paródico. La caprichosa Noria de la moda ha vuelto a elevar al cielo esta manera de pensar el mundo, aunque en la tradición artística española existen numerosos ejemplos difícilmente igualables. Cervantes, Muñoz Seca (literatura), Goya, Dalí (pintura), Buñuel o Alex de la Iglesia (cine) -por citar algunos ejemplos ilustres- han sido grandes cultivadores de la parodia en sus respectivas disciplinas.
Además de apoyar la tesis de que poner cualquier decisión en manos del voto popular es como subirse al trapecio sin red, el hecho de que el personaje Rodolfo Chiquilicuatre nos vaya a representar en Eurovision pone de manifiesto que en España sabemos reírnos de nosotros mismos. Así es que en este caso no puedo estar más satisfecho con el curso de los acontecimientos, porque la diferencia entre la levedad de un concurso musical hortera y pasado de moda y la importancia de unas elecciones generales es demasiado evidente como para desgastar en vano las letras del teclado.
El análisis de las últimas generales se lo dejaré a los politólogos y a los dirigentes políticos (que desgraciadamente pocas veces coinciden). El único debate que me interesa al respecto concierne a la representatividad del voto y a porqué después de tres décadas de democracia no nos planteamos si el modelo de representación territorial no está ya obsoleto y es momento de acercarnos al de ‘una persona, un voto’. Si nos dijeran que los emitidos por los licenciados valen más que los de los titulados en FP o que los de parados y pensionistas tienen menos peso que los de los ocupados muchos se echarían las manos a la cabeza, pero nos dicen que el voto de un pontevedrés cuenta menos que el de un alavés y nos quedamos tan tranquilos.
La parodia
En cuanto al ‘chiki chiki’, estoy encantado, me parece una canción verdaderamente representativa de la música latina en su acepción más deplorable. La diferencia con cualquier estrella del reggaetón es el carácter paródico de Rodolfo Chiquilicuatre y es precisamente el hecho de que –como Esperanza Aguirre con su labor política- los primeros sí se tomen en serio su música lo que les confiere una dimensión verdaderamente patética.
Lo que quiero decir es que debemos apreciarlo como una gran noticia para la música. Rodolfo nunca robará público a Serrat, Fito, Calamaro o Marlango, pero sí tiene la oportunidad de desplazar a los Don Omar o Daddy Yankee de turno e incluso sumar adeptos entre quienes aborrecemos el género. Es el mismo motivo por el que abomino de ‘El motorista fantasma’ o ‘Con Air’ (Nicholas Cage agrandando su ‘leyenda’), mientras disfrutaré siempre como un niño con ‘Evil Dead’ –Posesión infernal- y cualquiera de sus fantásticas secuelas, siempre con el genial Bruce Campbell como delirante, histriónico y carismático pseudohéroe.
Universo chanante
El otro motivo de satisfacción para los amantes del humor surrealista, absurdo y a menudo políticamente incorrecto es la expansión del fenómeno de ‘La hora chanante’. Los Joaquín Reyes, Julián López, Ernesto Sevilla y compañía han trascendido el ámbito minoritario de Canal Nou y Paramount Comedy para hacerse definitivamente con el gran público. No se trata sólo del éxito de la emisión en La 2 de ‘Muchachada Nui’, sino de cómo un concepto rejuvenecido de humor impregna asimismo espacios como ‘Noche Hache’ en Cuatro o ‘Sé lo que hicisteis’ en La Sexta, en ambos casos con una buena acogida por parte de la audiencia.
La constatación de que se puede obtener rentabilidad con productos originales y de calidad debería abrir el camino para dejar atrás los viejos formatos, anclados en el recuerdo de ‘Esta noche cruzamos en Mississippi’ o ‘Crónicas Marcianas’ y, sobre todo, una válvula de escape a tanta ‘Salsa Rosa’, ‘Dolce Vita’ o ‘Corazón, Corazón’. A ver si así nos dedicamos más a afrontar la vida con humor y menos a tocar los cojones.
