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lunes, 13 de octubre de 2008

La magia del libre mercado lo equilibra todo... (...o no) - por Jorge Abel


Esta afirmación ha dominado el mundo occidental desde que se le ocurrió popularizarla a Adam Smith en su libro La Riqueza de las Naciones (An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations) de 1776. Smith tuvo la idea de que la riqueza de las naciones venía del trabajo, mejor dicho, de la producción de unos bienes que se comercializaban y de que el precio que por esos bienes se pagase en el mercado libre. El mercado tenía altibajos, pero siempre se acababa adecuando al valor útil de las cosas (vamos, que lo que sirve se vende y lo que no… pues no). Eso hacía que las empresas que producían cosas útiles y a bajo coste acababan vendiendo su producto por más de lo que había costado, dejando un beneficio al empresario, que pagaba a su vez los sueldos, el coste de las materias primas y del transporte.

Para Adam Smith y sus discípulos librecambistas (querían abolir las aduanas, lo que hoy en día hemos llamado globalizar) el mercado libre haría que cada uno produjese lo que se le daba bien. Con ello mejoraría la economía de todos los países y la utilización de los recursos en cada uno de ellos. Creía en que lo que no funciona se hunde.

Tiempo más tarde -tras la Primera Guerra Mundial-, Alemania, Francia y Gran Bretaña le debían mucho dinero a EEUU por los terribles costes de la guerra. Este hecho unió sus destinos económicos y, cuando las cosas fueron mal dadas en la superpotencia americana, la crisis cruzó el charco a toda velocidad. Durante el crack de 1929, un arruinado banco americano (que había dado más dinero del que podía para que la gente invirtiera en la bolsa, ¿os suena?) le pidió dinero a los bancos europeos a los que les había prestado durante la guerra, arrastrando a todo el mundo en su caída.

Tras la crisis de 1929, a todos los gobernantes del mundo les quedó clarísimo que el libre mercado ha de tener unos controles y unos contrapesos. Este es el momento en el que surgen ideas como la de que el estado ha de tener más presencia a la hora de garantizar que los bancos tengan dinero en la caja antes de seguir prestando a lo loco, o que el estado ha de cobrar impuestos para poder hacer políticas de gasto que fomenten el empleo y que saquen al país de la depresión (New Deal y keynesianismo).

Está claro que el proceso económico libre sufre unas subidas y unas recesiones acusadas, a nadie se le escapa que es una cuestión de ciclos. En este fin de milenio, con la globalización, se estaba especulando sobre la posibilidad del fin de los ciclos, pero eso ya se hacía meses antes del crack del 29 y mirad lo que pasó. El orgullo extremo del libre mercado lo lleva a apartarse de la memoria histórica una y otra vez, sólo para darse cuenta, de nuevo, de que es un Ícaro preso de la fuerza gravitatoria de la realidad. Los movimientos económicos suaves no provocan más que leves ajustes en la vida de las personas, pero los movimientos fuertes provocan reacciones acusadas, como, en su momento, las dictaduras fascistas.

La presencia del estado para redondear los picos de esas gráficas económicas es imprescindible. Hemos vivido en un período de loca privatización, de gasto estatal cercenado y de bajada de impuestos. Al final, la crisis ha llegado y nos coge con un estado débil, mal financiado, con su hacienda partida en 17 autonomías celosas y caóticas y con todo el dinero ya comprometido en ridículos planes. Toca subir los impuestos, toca que los ricos se aprieten el cinturón para que el estado tenga posibilidades reales de poner en marcha líneas de crédito estatal (usar el I.C.O., ¡Qué no estoy inventando nada nuevo!) ya que los bancos no son de fiar (las personas que dan los créditos reciben comisiones por concederlos y no castigos porque estos no se acaben pagando, ¿qué iban a hacer si no?).

Las empresas que han estado mostrando beneficios récord no han guardado nada. Según el pensamiento de Adam Smith, alguna se tendrá que hundir, pero resulta que eso acaba llevando a tal retraimiento del consumo que arrastrará en su caída a algunas empresas que sí funcionarían en condiciones normales. El estado ha de estar dispuesto y con opciones de intervenir para ayudar a la gente a que pueda ganarse la vida y pagar sus créditos. Esa es su función.

Hay que prestar la máxima atención a estos momentos de crisis, porque habrá quién quiera seguir saqueando el cadáver. Por ejemplo, se habla de facilitar el despido. Si se liberaliza el despido, ¿qué va a pasar? Más parados nunca se ha visto que aumenten el consumo. ¿A las empresas se las salvará? No, sólo se les permitirá marcharse a Singapur o a Filipinas con menos pérdidas. Este es un momento para encarecer el despido, no para abaratarlo; para cobrar más impuestos, no para cobrar menos; para que el estado se haga más grande, no para reducirlo. Y Esperanza Aguirre privatizando hospitales... Hay que leer más y ganar menos.

*Ilustración: Miguel Brieva

martes, 29 de julio de 2008

¿Deben los empresarios pagar menos impuestos? - por Jorge Abel


¿Deben los empresarios, como fuente de empleo, pagar menos impuestos? Muchos liberales así lo opinan. Para rebatir esta tesis me gustaría exponer un par de puntos. Tomadlo con calma, por favor:

Asalariado: Es la persona que trabaja por un salario. Para que este trabajador cobre a final de mes, es necesario que produzca bienes que generen un beneficio una vez descontados todos los gastos de producción, entre los que se encuentra su propio sueldo. Esa rentabilidad se denomina plusvalía. Si no hay plusvalía, no hay trabajador, es decir, la empresa se lo chimpa más rápido que inmediatamente. Reflexión por tanto… Nunca se le hace un favor a un trabajador por darle trabajo… Moraleja: Si no lo generas, no cobras tu sueldo.

Autónomo: Es el trabajador que lo hace por cuenta propia, es decir, él es el encargado de administrar sus propias plusvalías. No tiene un sueldo asegurado, aunque desee ponérselo (se ha puesto de moda este modelo de PIME), es simplemente un ejercicio banal de contabilidad. En espíritu, la diferencia mayor reside en que esta persona arriesga su patrimonio a cambio de la esperanza de ganar más dinero y/o de vivir mejor que los trabajadores asalariados. Si uno lo piensa un poco, no hay una gran diferencia entre Botín y el panadero de la esquina, ambos tienen un dinero y un trabajo metidos en un negocio que les genera un beneficio (sólo que Botín es el puto Godzilla de los autónomos).

Eso significa, saltando todas las peculiaridades y excepciones que tiene este ancho mundo, que un autónomo es alguien que está dispuesto a arriesgarse en busca de un beneficio personal… Y cuando alcanza este éxito personal, no ha de compartirlo con nadie, es suyo. Pocos son los que se hacen ricos a base de trabajo asalariado. Muchos son los que tienen éxito con su empresa y prosperan, y muchos también los que fracasan en el intento y se quedan sin el capital acumulado de una vida.

¿Quién debería pagar más impuestos de los dos? Buena pregunta, y para encontrar una respuesta coherente debemos saber cuáles pueden ser los usos de esos impuestos. Pondré una lista que me parece bastante genérica:

A. Defender a la comunidad de las agresiones del exterior.
B. Hacer que las cuestiones comunes funcionen. Facilitar la vida de los miembros del estado.
C. Evitar los abusos entre los propios miembros del estado.

Ejemplos del punto A: Las amenazas de los animales nos obligan a juntarnos y a hacer guardia (hace ya tiempo que tenemos esa controlada); hoy en día… la guerra: Todo estado que no se prepare para ella cae en manos de uno que sí lo hace. La preparación del estado para conseguir lo necesario para defenderse a sí mismo como institución y a los integrantes como colectivo es básica, condición 'sine qua non'.

Ejemplos del punto B: Las infraestructuras que los individuos como tales no son capaces de poner e marcha (educación, carreteras, tendido eléctrico…) y que facilitan la vida de todos. En este caso, además, hay que contemplar la redistribución de lo que paga cada uno en el beneficio que le devuelve el estado.

Ejemplos del punto C: Para que la convivencia sea coherente y pacífica el estado ha de asegurar a las personas unas normas: las leyes. Ha de tener por lo tanto las instituciones y los medios para hacerlas cumplir. En el estado actual se supone que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y en derechos, por lo que el estado está garantizando que las diferencias sociales, culturales, religiosas y demás no suponen un lastre significativo para nadie a la hora de ser libre.

Bien, volvemos al punto de inicio, ¿por qué debe pagar más un autónomo/empresario de éxito en impuestos?:

1. Porque el estado garantiza que nadie va a entrar en su negocio y le va a quitar las cosas por la fuerza. Si dejásemos que la violencia dominase las relaciones (eliminando el estado) al autónomo le iban a dar un poco de estopa para que produjese su beneficio y lo cediese en forma de impuestos/saqueos al señor de la guerra de turno (ley de la selva). A un proletario le da igual, dentro de lo que cabe (vamos, que pierde menos), porque ya tiene que hacerlo. Sálvense, por favor, las distancias en este razonamiento. Lo que quiero decir es que el estado asegura la suerte de mucho más capital en el caso del autónomo. Si aseguras más, cobras más, pregúntale a la Mutua Madrileña.

2. Las infraestructuras que hay comunes, en el caso de los asalariados, les sirven para mejorar su vida; en el caso de los autónomos/empresarios les sirven para mejorar su vida y su negocio. Nadie va a usar un camión por una carretera pública para traerle nada que haga rico a un trabajador a sueldo. La electricidad que consumo en mi casa, necesaria para una vida digna, cuesta lo mismo (puede incluso que más) que la que consume un negocio/industria, que genera un beneficio (tasable, por lo tanto). Recordemos que la idea de un empresario de ganar dinero es cobrar por un servicio que ofrece. El estado puede hacer lo mismo, está legitimado.

3. El estado español -en este caso- ha de evitar el desequilibrio social extremo. Está en la constitución, en el artículo 40. ¿Por qué? Porque la diferencia económica extrema y los casos de necesidad evitan que todos seamos libres e iguales (si no tengo para darles de comer a mis hijos, tengo que hacer lo que me pidan). No hacerlo así viola el uso fundamental del estado que comentaba en el punto C, habría un abuso interno. El estado, por lo tanto, ha de evitar que haya hombres pobres (si no, uno no es libre), y también debe evitar que haya hombres tan ricos que puedan saltarse las normas (en esto no estamos triunfado en los últimos años).

En resumen, creo que los ricos deben pagar más impuestos, y cuanto más ricos, más porcentaje. Luego me podrán llamar comunista, pero eso es otra cosa, depende de la organización de los medios de producción y de la propiedad de los mismos… Y eso ya es para otro artículo.

Gracias por leerlo hasta el final. Si no estás de acuerdo y tienes una idea que funciona, por favor, escríbele algo a jaomonty@gmail.com que estamos aquí para aprender.

domingo, 6 de julio de 2008

Neoliberales con piel de socialdemócratas


Viendo en el informativo del Canal 24 horas de TVE a los participantes del último Congreso del Partido Socialista Obrero Español cantando a pleno pulmón La Internacional se me erizaron, uno a uno, todos los folículos pilosos. O más bien se me irritaron. En ocasiones como ésta fantaseo con una versión ibérica de La noche de los muertos vivientes, con Pablo Iglesias preparándose con la sesera de la vicepresidente de la Vega un rico bloody mary (nótese el astuto juego de palabras). Podría despacharme a gusto con cualquier otro miembro del Gobierno (lo de 'miembra' lo dejamos para otro día, que ya me noto la bilis en la úvula), pero esta vez le ha tocado a ella, en parte para no renunciar al chascarrilo coctelero, en parte porque ser portavoz (¿o era portavoza?) te sitúa automáticamente en el centro de la diana de las críticas. Sobre todo cuando no tienes ni puta idea de lo que explicas o simplemente mientes por todo el morro a los ciudadanos confiando en su estupidez.

Recopilando información acerca de la celebérrima medida de los 400 euros, encontré en la altamente recomendable web 'www.rebelion.org' un artículo de Carlos Martínez (heterónimo), que no he podido resistirme a reproducir aquí. Para los que no estén del todo familiarizados con conceptos como los de 'progresividad fiscal' o 'socialdemocracia', es un buen momento para coger papel y boli, guardar la chuleta en un lugar bien visible y repasarla antes de votar alegremente en las próximas elecciones a un partido que saca pecho presumiendo de socialista.

"El pasado día 27 de enero el presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, prometió disminuir las retenciones del Impuesto Sobre la Renta de Personas Físicas en una cuantía de 400 euros anuales a los asalariados y pensionistas. La medida empezaría aplicarse en junio, con carácter retroactivo desde enero. Al día siguiente, la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, aclaró dicha medida electoralista. En un desayuno informativo organizado por Europa Press declaró que la propuesta "no puede ser más progresiva": Ha añadido que “las personas que contribuyan al IRPF con 400 euros o menos no tendrán que pagar nada y la medida tendrá un efecto del cien por cien; mientras que las que contribuyan con 4.000 euros se beneficiarán en el 10 por cien”. "Parece razonable que todas las personas que han contribuido al ahorro participen proporcionalmente, en función de lo que aportan", ha señalado.

Habría que aclararle a la Sra. Fernández de la Vega qué se entiende por progresividad fiscal, uno de los principios defendidos tradicionalmente por la social-democracia. Un sistema impositivo es progresivo cuando los que más ganan pagan más impuestos y los más necesitados reciben más ayudas públicas. No es progresiva, por ejemplo, la medida anunciada con anterioridad de ayudar a cada familia que tenga o adopte un hijo con 2.500 euros sin tener en cuenta las rentas de quien las recibe. Sería progresiva si se pagara más a las familias más humildes y no haría falta pagar nada a la familia de Emilio Botín.

Pero esta medida de “cuatrocientos euros para todos” encierra más trampas. Se trata de una disminución de la retención del IRPF. Los asalariados y pensionistas más humildes y más necesitados no recibirán nada, pues según el Instituto Nacional de Estadística el número de asalariados es de mas de 20 millones de personas, pero sólo presentan declaración de IRPF unos 13 millones según la vicepresidenta, de lo que podemos obtener la conclusión que hay 7 millones de trabajadores y pensionistas que ni siquiera hacen la declaración de renta. Entonces, estas personas que son las más necesitadas de ayudas públicas, ¿en que se benefician de esta medida supuestamente "progresiva"?.

De los que sí declaran, los asalariados y pensionistas que no llegan a pagar 400 euros anuales en concepto de IRPF recibirán como máximo una cantidad igual a la que les hayan retenido. Sin embargo, todos los que pagan más de cuatrocientos sí que recibirán este dinero en su totalidad. Vamos, que el gobierno Zapatero regalará 400 euros a los más ricos y nada o muy poco a los más pobres. Exactamente todo lo contrario a una medida “progresiva”. Es difícil imaginar cómo un jubilado de pobres recursos y votante del PSOE no vaya a beneficiarse de esta medida mientras que un profesional de alto poder adquisitivo y votante del PP será quien más se alegre.

Si la intención del gobierno del estado era evitar la crisis económica en ciernes mediante medidas fiscales para fomentar el consumo (medida por cierto copiada del gobierno de Bush), la solución, también, no era otra que optar por la redistribución. Por ejemplo, en lugar de regalar el gobierno 5.000 millones a sus mejores contribuyentes, los podría haber entregado a los más necesitados pues sólo esta población asegura que el 100% de ese dinero se destinará al consumo y no al ahorro como harán las clases más pudientes. No estamos descubriendo nada nuevo, simplemente se trata de aplicar las conocidas doctrinas de John Maynard Keynes. Como ya decía Stiglitz, citado por Alberto Montero en estas mismas páginas, una bajada de impuestos en España sería “una equivocación”, argumentando que “los problemas de Estados Unidos empezaron con las reducciones fiscales”.

El abandono del PSOE de las políticas socialdemócratas (si alguna vez las tuvo) y la carrera hacia el neoliberalismo cada vez es más patente, sólo se entiende porqué gran parte de la clase trabajadora sigue dando su apoyo a este partido por el pavor que le produce el Partido Popular, una formación cercana a la ultra derecha. Y a su izquierda no hay nada más que una pequeña organización (IU) que ha sido impotente para enfrentarse a estas políticas neo-liberales."


Leer el artículo en su contexto original.